No es educado despreciar un regalo, por mucho que el liderato aparezca en el horizonte como un caramelo envenenado, un presente sin futuro posible que acarrea el riesgo evidente de atiborrarse de azúcar. Parece improbable, todo sea dicho, que esta hiperglucemia despiste al Betis, tan seguro de su estilo como de la obligada modestia para que los pies sigan en el suelo.
El tropiezo anoche del Valencia ante el todopoderoso Barcelona deja a tiro de victoria el primer puesto en solitario de la Liga de las Estrellas, un hito perecedero que sólo serviría para disparar fuera del vestuario la euforia de la grada, las portadas y los minutos de televisión. Dentro manda el partido a partido. Primaría la satisfacción de haber batido (y alejado en la tabla) a un rival directo por la permanencia, inexcusable objetivo inicial de los verdiblancos. Lo que venga después, bienvenido sea, porque, como ya se ha subrayado, despreciar los regalos sería de maleducados...+fuente original
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